Señor, enséñanos a orar

Lun, mar 4, 2013

Sección: Editorial

Por Chas. E. Cowman.

Éste es el deseo más profundo de todos los corazones en esta era crucial en la que vivimos. Creemos que la oración es una fuerza más grande que cualquier bomba atómica.“ La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago capítulo 5, versículo 16). Se hace mucho énfasis en la oración, pero muy poco en el carácter de la persona que ora, en el tipo de gente a la que Dios escucha. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos capítulo 8, versículo 26).

La oración conecta al hombre con Dios. Es el frágil cable que nos conecta con la batería. La rama debe estar unida a la vid para que la savia dadora de vida pueda fluir (Juan capítulo 15, versículo 1 dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”). Debemos ser canales limpios, completamente rendidos a la voluntad perfecta de Dios, si queremos que nuestras oraciones lleguen al Trono. Sólo el Espíritu Santo nos puede enseñar el secreto para tener esa gracia. Una cosa muy pequeña puede ser un estorbo. La falta de unidad o de amor entre los hermanos, juzgar mal a otros, celos, chismes, mundanalidad, entre otras cosas, son obstáculos que obstruyen ese canal.

David oró pidiendo a Dios que examinara su corazón y viera si había un camino de perversidad en él. Es una oración muy importante, y todo lo que nos revele el Espíritu Santo nos llevará a la intimidad con nuestro Padre celestial. Después podemos ofrecer nuestra oración con confianza. “ Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”, dice la 1ª carta de Juan capítulo 5, versículo 14.

La única cosa esencial y de mayor importancia es la comunión con nuestro Padre. El costo para tener esta revelación divina es la pérdida de todas las cosas, dijo Pablo. Andrew Murray dijo alguna vez: “Hermano, hay un terrible peligro al que estás expuesto como cristiano. Estás en peligro de sustituir la oración y el estudio de la Biblia por una comunión viva con Dios”. Debe existir así un intercambio: Tú le das tu corazón, tu amor, tu vida, y recibes de Dios su vida, su amor, su Espíritu.

Podemos tomar las promesas de Dios y clamar por su cumplimiento cuando estamos en contacto con el trono, y es fácil entonces creer en ellas. Marcos capítulo 11, versículos 23 y 24 dice: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

Es una oración que ya no estará solamente en las Escrituras, sino que la oraremos con la fe que Dios quiere, y viviremos nuestras vidas con esa fe, como dice Gálatas capítulo 2, versículo 20: “Vivo en la fe del Hijo de Dios”. Tendremos al Espíritu como testigo de que hemos orado y podremos descansar mientras esperamos la respuesta. Entre la oración y la respuesta puede haber cierta tardanza, pero eso no significará que Dios nos rechaza, pues él nos ha prometido que contestará nuestras oraciones.

Amado, toma tu cruz y vive una vida llena del Espíritu. Alegra el corazón de nuestro amado Padre, quien anhela abrir las ventanas del cielo para hacer caer bendiciones en una forma tan grande y con una lluvia tan abundante, que no podremos recibirlas todas. Dale a Dios la oportunidad de contestar tus oraciones.

Dios, haznos intercesores.

Tomado de “Missionaries Prayed. He answered” The oriental missionary society. 1955. Impreso en Estados Unidos de América.

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