Esperanza después de la persecución

Jue, ago 10, 2017

Sección: América

Después de varias décadas de soportar persecución, encarcelamiento de familias enteras, destrucción de casas, negación de servicios y de agua, algunos cristianos chiapanecos establecidos en otras comunidades ahora ya son respetados y reconocidos.

La transformación que Dios ha hecho en sus vidas ha resultado en una mejor situación económica, en su bienestar y paz.  Dios ha hecho grandes milagros entre ellos. Su entrega a Dios, su tiempo de oración y ayuno son sobresalientes.

Como consecuencia, las personas que antes los agredían, les hacían maldades o perjuicios, ahora los buscan para preguntarles cómo es posible que vivan felices y que Dios multiplica los beneficios de su trabajo.

Por ejemplo, cerca de Ocosingo, Chiapas, un grupo aproximado de 20 familias fue desplazado en 2008.  Los despojaron de sus casas, enseres, milpas y animales. Alejados de todas sus propiedades se instalaron en la zona que llamaron Nuevo Paraíso. Pudieron comprar un terreno donde se distribuyeron los lugares en que construirían sus viviendas.

Pero había un problema: no había agua en esa zona. Se pusieron a ayunar y orar a Dios para que les iluminara sobre qué hacer. Pocos días después Dios los dirigió y encontraron un pozo de agua tan abundante y rica que resolvieron totalmente su problema del vital líquido. Al principio sus viviendas eran pedazos de lona que apenas los libraban de las lluvias y el calor. Trabajando con gozo y firmes en su fe, hoy ya tienen sus casas de tabique y ante todo, un templo donde adoran al Dios Eterno.

También han construido un invernadero para tener mejores y varias cosechas, un pequeño Centro Cultural en donde se les da clases de español, tzeltal y la Biblia a los niños además de realizar juegos y actividades deportivas. Se han ocupado de la buena alimentación e higiene personal de los chicos, lo que les permite evitar enfermedades.

Al contrario del desarrollo visible de Nuevo Paraíso, en el poblado de San Francisco, en donde se ha dado un trato cruento a los cristianos, se observa un pueblo triste y empobrecido. Aquí dan una gran importancia a sus ritos y tradiciones, pero no han podido mejorar su situación económica. Los niños están con mala salud, les falta higiene y tampoco tienen una escuela.

Un caso parecido al de Nuevo Paraíso se encuentra también en el poblado de Artículo 27. La organización de los seguidores de Cristo ha permitido que desarrollen con éxito la agricultura, han construido también su templo para adorar a Dios, además de sus propias casas. Todo ello con material firme. De manera llamativa, los habitantes de este poblado son generosos y comparten las bendiciones que reciben de Dios.

En La Cueva, otra población formada por hermanos desplazados, con ánimo y gozo están construyendo sus viviendas y templo con tabique. Asimismo, al trabajar sus tierras y recoger sus cosechas, están levantando una amplia construcción que será como un salón social, hostal y de usos múltiples para dar abrigo a personas que los visiten desde otras poblaciones.

Sin embargo, la persecución y la hostilidad contra las familias cristianas continúa en el estado de Chiapas. En el poblado de Nuevas Tacitas, los cristianos sufren agresiones, aunque siguen construyendo su templo para adorar al Padre Celestial. En Las Tazas, otro pueblo cercano, ni siquiera se permite la evangelización de sus habitantes.

Sin embargo, recientemente, en la ceremonia de terminación del curso escolar, los directivos de la escuela y del poblado invitaron a esa ceremonia al coordinador evangélico Jaime Méndez para que fuera el padrino de la generación de graduados de preescolar y de primaria.

En esa ceremonia también estuvo Felícitas Cisneros, quien desde hace más de 10 años visita a los cristianos de alrededor de Ocosingo.  Para Cisneros y sus acompañantes, es claro que Dios busca la salvación y mejoramiento de los chiapanecos. Algunas de las poblaciones visitadas, además de las ya mencionadas, fueron también el Ejido SantoTomás, El Avellanal y la Nueva Jerusalén.

 

Por Rebeca Lizárraga R.

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