¡Dios no se olvida de los sueños que él mismo te ha dado!

vie, Feb 27, 2015

Sección: Editorial

Cuando era apenas una niña de unos pocos años de edad, vivía en la hermosa ciudad fronteriza de Rivera, Uruguay, y recuerdo que en una campaña al aire libre pasaron una película  titulada “Lucía”. Aunque era pequeña me di cuenta que la película era una actuación. El argumento trataba de que Lucía se había enamorado de otro hombre y estaba a punto de abandonar a su marido ( ¡Aún no entiendo por qué estaba viendo esa película en una campaña evagelística!) y se acercaba a  la cama de su hija que tendría más o menos mi edad en aquella época. Recuerdo que de inmediato pensé “¡Cómo me gustaría actuar en una película así y ser esa niña!”

 Los años pasaron y ese pensamiento no me dejó. Pero de la misma manera como Dios no se olvidó del llamado de Moisés aun a sus 80 años, Dios no se olvidó de mí ni de los sueños que él mismo me había dado.

Dios nos ha creado con un propósito específico. Esto no es ninguna novedad y Rick Warren lo describe con excelencia en su libro Una vida con propósito: “No se trata de mí”, nos lo recuerda el autor, “se trata de Él”. Fuimos creados con talentos naturales para honrarlo. Dios tiene un plan para nuestra vida que supera nuestros propios objetivos y excede aún lo que somos y lo pensamos de nosotros mismos. Él nos diseñó con una amalgama de talentos, temperamento, virtudes, gustos, trasfondo y experiencias que nos hacen únicos para cumplir su mayor propósito que es el de “Conocerle y hacerlo conocido”, según lo expresa acertadamente el eslogan de Juventud con una misión (JUCUM, organización fundada por Loren Cunnigham).

Al nacer, recibimos una serie de talentos naturales que se manifiestan a través de nuestro temperamento. Al nacer de nuevo, cuando de forma voluntaria entregamos nuestra vida al control de Jesucristo, él nos otorgó aún más dones, los llamados dones espirituales o dones motivadores que el apóstol Pablo describe en Romanos 12:5-8.

Con seguridad al nacer en la familia de Dios sentimos un vivo deseo de servirle. Dios usa ese deseo para cumplir su propósito en nuestra vida, en nuestra familia, en la iglesia y en el mundo. El mismo nos da los sueños y los talentos para lograrlos y él está aún más interesado que nosotros en que descubramos los dones y el ministerio a través del cual los  expresaremos.

Viviendo en Rivera no tenía la mínima posibilidad de ser una estrella de Hollywood, ya que en ese tiempo la cinematografía en mi país era muy reducida. Sin embargo, en mi pequeña iglesia en Rivera,  nuestra querida misionera Molly Baker, organizaba los mejores dramas de la comunidad. Yo me alistaba para cada uno de ellos. ¡Me encantaba actuar, ensayar, opinar en cuanto al vestuario y la escenografía! Pero no me olvidaba de Lucía. Y aunque me daba cuenta de que estaba creciendo y ya no podría hacer el papel de la niña,  me consolaba con que tal vez podría hacer el papel de la mamá, aunque no me simpatizaba la idea de abandonar a mi marido como en la película.

El tiempo siguió pasando y mi amor por las artes escénicas se notaba en cada lugar al que llegaba donde siempre organizaba dramas y eventos artísticos. Pronto me di cuenta que ya no podría hacer ni el papel de la niña, ni el de la mamá, pero aún así me consolaba recordando una o dos apariciones de la mamá de Lucía: ¡De seguro todavía podría hacer el papel de una abuelita!

¡Dios no se olvidó de mí ni de los sueños que él mismo me había dado! En 1989,  habiendo llegado como misionera junto a mi esposo Ariel Castillo al Instituto Bíblico Betania de Matehuala, México, propuse a mis compañeros docentes comenzar una clase de Artes Cristianas, aludiendo de que “no sólo de predicaciones vive la iglesia”. Ahí , noté que una de mis alumnas, Silvia Guerrero, también tenía un gusto y apreciación por el teatro. Así comenzamos juntas a organizar obras de teatros para evangelismo.  Tuvimos el privilegio de recibir un excelente seminario de parte de Judy Whitner, fundadora del grupo de drama y pantomima  Los Cosechadores de Guadalajara, México.  Sucedió algo curioso con este seminario. Éramos apenas un grupo de diez personas, y Judy nos dijo: “Estoy acostumbrada a dar seminarios a un público numeroso pero cuando recibí la invitación y vi el pequeño número, Dios me dijo que algo grande saldría de aquí, y por eso vine con gusto.” ¡Dios no se había olvidado de mi, ni de los sueños que él mismo me había dado!

Cuando llegó el tiempo de ir a su año de práctica, entre varias opciones, Silvia decidió ir a Brasil a trabajar con un grupo de pantomima cristiano llamado ALMA, dirigido por Larry Swenson. Cuando regresó de ese viaje, ya estábamos listas para comenzar el ministerio de Arte para el Reino. Así, en 1998 organizamos el primer congreso de Teatro y Pantomima en la ciudad de México y comenzamos a escribir dramas y a hacer un manual con el sueño de ayudar a iniciar un grupo de teatro en cada iglesia local. Así fue como dimos varios seminarios en México, Guatemala, Colombia, y Estados Unidos.

Estos 17 años de ministerio no han sido fáciles. Hemos vivido momentos de crisis, momentos en que Arte para el Reino casi se moría, pero hoy, Dios lo resucita, con una renovada y fresca visión de no sólo ayudar a que haya un grupo de teatro en cada iglesia local sino animar a los numerosos artistas que tenemos en la iglesia de Jesucristo a que usen sus dones de forma creativa para extender el reino de Dios. ¡Dios no se olvidó de mí ni de los sueños que él mismo me dio!

Y esto es exactamente igual para todos. Cada persona tiene una formación y un conjunto de talentos y dones. Tenemos un llamado único para ser parte del equipo de Dios y extender su reino aquí en la tierra. ¡No nos desanimemos! ¡No nos rindamos! Sí, es cierto, hay momentos difíciles, momentos en los que creemos que ya no tenemos nada para dar… pero nunca nos demos por vencidos.

 

Por Shirley Sartori

Co-fundadora de Arte para el Reino

Por más información o si quieres compartir tu experiencia de ministerio artístico con nosotros,  visítanos en http://wwwarteparaelreino.com o escríbenos a arteparaelreino@gmail.com

 

Una Respuesta a “¡Dios no se olvida de los sueños que él mismo te ha dado!”

  1. Griselda Adriana Ordaz Dice:

    Claro que si, yo lo veo a diario cuando necesito componer mi coche me visita mi hijo y lo compone, cuando mi amiga Miris me necesita, solo piensa en mi y aparezco en su puerta, cuando mi madre necesita una dirección aparece alguien con un telefono y la ubica, cuando necesito que alguien pague mi pasaje alguien aparece y paga mi pasaje. Los cristianos lo llamamos vivir en el reino de Dios, y explicamos que aunque estamos en este planeta, nos manejamos como en una embajada del Reino y obedecemos mas prontamente a los planes de Dios, nuestros planes son permitidos para realización de los de nuestro Padre y solo seguimos sus caminos. Ser obedientes tiene muchas gratificaciones, algo asi como en la pelicula de “Forrest Gump” 1994.